La economía venezolana ha dejado atrás el modo “supervivencia corporativa” que dominó 2024–2025 y entra en 2026 bajo una nueva lógica: no basta con resistir, sino que es momento de competir, crecer e invertir con inteligencia estratégica.
Esta es la lectura que propone el economista Asdrúbal R. Oliveros, director de Ecoanalítica, en uno de sus más recientes análisis sobre el entorno empresarial venezolano.
Un cambio de etapa que exige una nueva estrategia
Oliveros observa que las compañías que en 2025 se enfocaron casi exclusivamente en proteger caja y contener costos —en respuesta a una inflación acelerada, brecha cambiaria amplia y elevada incertidumbre financiera y política— deben transitar hacia estrategias que combinen disciplina financiera con crecimiento comercial.
Asegura que ya no funciona solo conservar capital: el crecimiento moderado del PIB y señales de desaceleración inflacionaria permiten, por primera vez en años, pensar más allá de la mera supervivencia.
Asimismo, cree que el reto ahora es invertir inteligentemente en ventas, marca, canales y relaciones con el cliente, sin sacrificar la salud financiera.
Competencia creciente, exigencias más altas
Oliveros explica que el entorno de 2026 será más competitivo, pues entrarán a escena nuevos actores, locales y extranjeros, dispuestos a asumir riesgos ante márgenes potenciales superiores.
Por otro lado, el precio dejará de ser el factor dominante. La velocidad de respuesta, servicio, diferenciación y conocimiento fino del consumidor serán claves.
Y las empresas que no inviertan en inteligencia comercial y segmentación perderán relevancia frente a competidores más ágiles.
Segmentos y propuestas de valor diferenciadas
El economista plantea que el consumidor venezolano de 2026 no es homogéneo. Por niveles de ingreso, región, edad y comportamiento de consumo, surgen segmentos. Esto abre oportunidades para productos y servicios altamente especializados, con estructuras de precios, presentaciones y opciones de financiamiento adaptadas.
Además, propone que una revisión crítica del portafolio es imprescindible: «hay ítems con margen real que pueden escalar, otros que sobran y algunos que requieren ajustes profundos», señala.
El capital humano como ventaja competitiva
Oliveros cree que, en este nuevo ciclo, atraer, retener y desarrollar talento será tan vital como gestionar caja. Así las cosas, el capital humano deja de ser un gasto a corto plazo y se transforma en activo estratégico, mientras que las empresas deben construir estructuras de compensación realistas, programas de formación y culturas organizacionales que retengan al mejor talento en un mercado cada vez más dinámico.
Enfatiza en que, en Venezuela, la política no es ruido, es una variable estructural del negocio. Las decisiones regulatorias, los cambios en el entorno internacional y las señales desde el poder influyen de forma directa en costos, financiamiento y acceso a mercados. Las empresas pueden ignorar esta dimensión solo si aceptan asumir riesgo estratégico innecesario.
«La lección para el empresariado en 2026 es clara: ya no se compite contra la economía, sino con ella. Administrar riesgos con uñas y dientes ya no basta; es momento de invertir, diferenciarse y escalar con disciplina financiera y audacia estratégica. Quien entienda primero que el país ya no está solo en modo defensivo —y actúe en consecuencia— no solo sobrevivirá, sino que puede liderar la próxima etapa de crecimiento real en Venezuela».
CON INFORMACIÓN DEL BLOG DEL ECONOMISTA ASDRUBAL OLIVEROS: Empresas en Venezuela: cómo pensar la estrategia en 2026



