El presidente de la Bolsa de Valores de Caracas, José Grasso Vecchio, aseguró que una verdadera reactivación del mercado bursátil venezolano dependerá de un factor clave: la recuperación de los recursos provenientes del petróleo que actualmente permanecen incautados en el exterior.
Según explicó a un medio digital español, el potencial de crecimiento del mercado de capitales en Venezuela sigue existiendo, pero está limitado por la falta de liquidez estructural. En ese sentido, subrayó que el regreso de esos fondos permitiría reinyectar capital al sistema financiero, dinamizar la inversión y fortalecer la actividad bursátil.
Grasso Vecchio planteó que el problema no es únicamente operativo, sino macroeconómico. La economía venezolana arrastra una fuerte restricción de capital, agravada por sanciones internacionales y la pérdida de acceso a activos externos.
Buena parte de esos recursos provienen de ingresos petroleros acumulados durante años —muchos canalizados a través de mecanismos como el Fondo para el Desarrollo Nacional (FONDEN)— cuya opacidad y manejo discrecional han sido ampliamente cuestionados.
En paralelo, decisiones judiciales internacionales han derivado en la incautación de activos estratégicos vinculados a Petróleos de Venezuela (Pdvsa), reduciendo aún más el margen financiero del país.
Un mercado pequeño, pero con potencial latente
A pesar del contexto adverso, la Bolsa de Valores de Caracas ha mostrado cierta actividad en los últimos años, impulsada principalmente por emisiones privadas y mecanismos alternativos de financiamiento.
Sin embargo, su escala sigue siendo limitada. Para que el mercado despegue realmente, se requiere mayor profundidad financiera, acceso a capital internacional, estabilidad macroeconómica y, sobre todo, liquidez suficiente.
En palabras de Grasso Vecchio, la recuperación de los fondos petroleros actuaría como catalizador para ese proceso.
Más allá del impacto directo en liquidez, la eventual recuperación de estos activos tendría un efecto simbólico clave: enviaría una señal de normalización institucional y financiera. Eso podría mejorar la percepción de riesgo país, atraer inversionistas y reabrir gradualmente las puertas del financiamiento internacional.
CON INFORMACIÓN DE EL ECONOMISTA.ES



