El gigante financiero británico Barclays considera que el Bitcoin ha dejado atrás una etapa de “ambigüedad” para entrar en una fase más madura, impulsada principalmente por cambios regulatorios en Estados Unidos que transforman el entorno de las criptomonedas de adverso a favorable.
En su análisis, el banco ve 2026 como el año en que esta madurez podría consolidarse en forma de “realidad regulatoria” y una mayor integración del activo en los mercados financieros globales.
De margen a mercado financiero
En poco más de 15 años, Bitcoin evolucionó de ser una innovación marginal a convertirse en un activo que forma parte del sistema financiero global. Hitos como el lanzamiento de futuros en 2017 y la aprobación de ETFs spot en 2024 facilitaron su acceso institucional y abrieron el camino para una mayor aceptación por parte de grandes inversionistas, casas de bolsa y fondos de pensiones.
Barclays identifica en 2025 un momento decisivo: el gobierno de los Estados Unidos dio pasos regulatorios que, lejos de sofocar a las criptomonedas, podrían servir de catalizador para su desarrollo estructural. Entre las medidas destacan:
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La emisión de una orden ejecutiva que descartó la creación de una moneda digital del banco central (CBDC), favoreciendo la innovación del sector privado.
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La anulación de barreras regulatorias como el boletín contable SAB 121, que limitaba la custodia de activos digitales por parte de grandes bancos.
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La aprobación de la Ley GENIUS, que establece un marco federal para emisores de stablecoins.
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Cambios en las guías regulatorias para permitir a fondos de pensiones (como los 401(k)) incorporar criptoactivos.
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Una agenda conjunta entre la SEC y la CFTC, conocida como Proyecto Cripto, para coordinar supervisión.
Este conjunto de transformaciones ha creado un contexto más predecible y estructurado, que podría permitir a Bitcoin consolidarse como una clase de activo reconocida, aunque todavía de alto riesgo.
¿Activo maduro o aún de riesgo?
Para Barclays, Bitcoin cumple hoy varios criterios que lo acercan a una clase de activo con estatus propio, incluyendo capitalización de mercado significativa, liquidez elevada y acceso a instrumentos regulados como ETFs y futuros. Esto permite que sea considerado en estrategias patrimoniales más amplias, no solo como un vehículo especulativo.
Sin embargo, el banco también enfatiza que la volatilidad sigue siendo alta y que la historia del activo está marcada por caídas drásticas —en reiteradas ocasiones han superado el 70 % desde máximos anteriores— y recuperaciones que pueden extenderse por años. Aunque la volatilidad anualizada ha disminuido en comparación con los primeros ciclos de Bitcoin, aún supera a la de acciones o bonos, manteniendo un perfil de riesgo estructuralmente intenso.
Correlación y rol en portafolios
El informe de Barclays también aborda cómo Bitcoin se comporta frente a activos tradicionales. En períodos de baja volatilidad, su correlación con bonos, commodities y oro es cercana a cero, lo que lo asemeja a un instrumento con diversificación independiente. No obstante, en fases de alta volatilidad, su correlación con acciones y otros activos de riesgo tiende a aumentar, evidenciando su perfil risk-on en momentos de mercado turbulento.
Implicaciones para 2026
El giro regulatorio en Estados Unidos y la evaluación de Barclays sugieren que 2026 puede ser un año clave para que Bitcoin sea formalmente reconocido como una clase de activo madura dentro de marcos financieros más amplios. Si este proceso culmina en regulaciones activas y estandarizadas a nivel global, las instituciones tendrían mayor claridad para incorporar criptomonedas en portafolios tradicionales, fondos de pensiones y otros instrumentos financieros.
No obstante, la advertencia del banco es clara: aunque el entorno cambie favorablemente, Bitcoin sigue siendo un activo de alto riesgo, y su inclusión en estrategias de inversión requiere una evaluación cuidadosa de su volatilidad y perfil de riesgo.
CON INFORMACIÓN DE BLOOMBERG LÍNEA Y ÁMBITO



