Con su inconfundible aroma entre dulce y salado, y su relleno de cerdo, pasas y aceitunas, el pan de jamón vuelve a ocupar un lugar central en las mesas venezolanas durante la Navidad. Pero este año la tradición tiene un valor especial: se cumplen 120 años de su historia documentada.
Más que un plato típico, el pan de jamón se ha convertido en un emblema de identidad y unión nacional, cuya compleja cronología ha sido reconstruida con rigor por el periodista y cocinólogo Miro Popić, principal referente del periodismo culinario venezolano.
El origen: una creación caraqueña
Según las investigaciones de Popić, el primer registro del pan de jamón data de diciembre de 1905, en un aviso publicitario de la Panadería Ramella, ubicada en la esquina de Gradillas, en el centro de Caracas, donde se ofrecía inicialmente como “pan con jamón”.
Al año siguiente, preparaciones similares comenzaron a aparecer en otras panaderías de la capital, como Montauban & Cía. y Solís, de los hermanos Banchs. En sus primeras versiones, el producto consistía únicamente en masa de trigo y jamón.

Con el tiempo, la receta evolucionó: primero se incorporaron las uvas pasas, y luego las aceitunas, ingredientes que reforzaron su vínculo con la hallaca y consolidaron su carácter navideño.
El creador: un médico convertido en panadero
Uno de los hallazgos más relevantes de Popić fue identificar al creador del plato: Lucas Ramella Martínez, médico de profesión y nieto del fundador de la Panadería Ramella.
Tras regresar de Francia, Ramella introdujo innovaciones en la panadería caraqueña. Según Popić, fue entonces cuando
“a un médico se le ocurrió colocar trozos de jamón dentro de una masa de pan sobado, que era el mejor que se hacía en Caracas a comienzos del siglo pasado”.
Este descubrimiento confirma que el pan de jamón nació en la industria panadera, y no en el ámbito doméstico, una característica que lo diferencia de otros platos tradicionales venezolanos.
De tradición local a símbolo global
Popić destaca que, a diferencia de muchas recetas típicas, el pan de jamón se propagó desde los establecimientos comerciales hacia la sociedad, hasta convertirse en un símbolo nacional. Hoy, gracias a la diáspora venezolana, el plato también ha comenzado a globalizarse, manteniendo sus rasgos esenciales.

Esta visión es compartida por los descendientes de Ramella. Susana Giménez, tataranieta del creador, señaló en una entrevista reciente que, aunque en su origen no se imaginaba el impacto histórico del plato, sí marcó una diferencia clara en el mercado gastronómico de la época.
Preservar la tradición
La permanencia del pan de jamón se debe, en gran parte, al trabajo de maestros panaderos y establecimientos gastronómicos en todo el país. En ese contexto, María Cecilia Loreto, gerente de Navidad de Plumrose, subrayó la importancia de preservar esta tradición.
“Alcanzar la séptima edición ininterrumpida de la Ruta del Pan de Jamón Plumrose reafirma nuestro compromiso con una tradición que no debe perderse, sin importar en qué lugar del mundo se encuentre un venezolano”, afirmó.
Durante la edición 2025 de la ruta, la iniciativa se expandió al interior del país, visitando más de 50 panaderías en ciudades como Caracas, Maracay, Barquisimeto y Maracaibo.
Por su parte, Juan Carlos Bruzual, director de IEPAN, resaltó que el pan de jamón debe preservarse con honestidad y profesionalismo, precisamente por su origen industrial y su valor patrimonial.
Finalmente, el fotógrafo y viajero Isaías Landaeta subrayó que la gastronomía funciona como un puente para conocer la historia y la identidad de un país. En ese sentido, el pan de jamón sigue siendo, 120 años después, un símbolo de unión, memoria y hogar para los venezolanos, dentro y fuera del país.
CON NOTA DE PRENSA…



