La inflación y el eterno dilema del infraseguro

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Los economistas y teóricos de la economía describen a la Inflación, como el fenómeno irregular en el incremento desproporcionado de los precios de los productos y bienes, cuyo indicador oficial es el costo de la Canasta Básica; de manera que, ella fluctuaría acorde a las coyunturas y variantes alimentosas de cada nación, pues la alimentación y los servicios son neurálgicos para calibrar dicha alteración macroeconómica. Según el economista José González, Director de la Consultoría GCG Advisors, la Inflación en el fondo es estrictamente monetaria, donde la masa de dinero “crece” más rápido que la capacidad de producir.

Por: Prof. Pastor Ascanio Heres.

Asesor de Seguros – Historiador – Docente – Presidente del Colegio de Productores de Seguros Gran Caracas

Si a ello, aunamos la “acinesia” del mecanismo productivo de un país, la ineficacia de la gestión pública, la erupción de una infrecuente sangría de dinero inorgánico, la deserción de los acopios productivos (en el campo y en las ciudades), un improcedente programa cambiario, cuyo efecto es el Ganar-Ganar para la flor y nata de cualquier régimen y un Perder-Perder para el grueso de la población activa e inactiva, entonces se  engendraría una Hiperinflación a mediano lapso. En el caso venezolano, se adicionarían “perceptibles” irregularidades “delictivas” como la “agricultura y la cría de puerto” por provecho lucrativo de delincuentes de cuellos blancos, la corrupción depravada, el matraqueo vial que sufre el hombre   productivo, el infame bachaqueo auspiciado por mafias y en fin, una cantidad de plagas perversas, que las del viejo testamento bíblico quedarían insignificantes.

Según Steve Hanke, profesor de Economía Aplicada del Johns Hopkins, una crisis económica es habitualmente producto de un manejo económico precario, subsidios ruinosos, impresión “mágica” de billetes y monedas que en nada contribuyen, severas restricciones al movimiento de bienes y capitales y desafortunadas políticas fiscales y monetarias.

A criterio de los teóricos y “científicos” de la economía, la inflación en economías de primer orden está entre el uno y el tres por ciento (1% al 3%), suscitándose sus consustanciales sobresaltos cuando devienen variaciones en la materia. En el marco venezolano, la inflación ha superado barreras inimaginables, tornando precarios los muchos o pocos ingresos  “laborales” que se obtengan. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la inflación cerró en Venezuela con 1.600% aproximadamente, que comparándola con otros países de la región constituye realmente un descalabro económico: 9,4 % en Uruguay; 8,7 en Brasil y 7,3 % en Colombia, entre otros. A diario la percibimos cuando vamos de “compras” y no es imaginativa.

Nuestra actividad aseguradora también ha sido víctima “cruenta” de ese trance  económico,  y cabe recalcar lo aducido por el Licenciado Carlos Moreno (Actuario y prestigioso columnista), quien en su crónica intitulada “Crisis en el Sector Seguros (*)”, advierte a guisa de conclusión lo siguiente:

En última instancia, el factor causante de la “crisis” objeto del artículo a que hice referencia al comienzo y de lo aquí expuesto es la monstruosa INFLACIÓN reinante en nuestro país, de la cual, ni las empresas de medicina prepagada, ni las aseguradoras, son responsables, por lo que no me queda más que concluir que tal responsabilidad debe corresponderle a otros actores de la vida nacional, quienes responsablemente deben adoptar las medidas conducentes a combatir tan desastroso flagelo, el cual, hasta el momento, no muestra la más mínima evidencia ……”

Aunque el amigo Carlos Moreno nos dejó a la expectación, evidentemente existe un (os) causante (s) ….. y el gobierno, debería ser el más inclinado en buscarlo (s). Por otra parte y dejando a un lado la ironía de mi agudeza anterior, “muchos males” afectan al sector asegurador venezolano como resultado de esa ignominiosa INFLACIÓN, como son, en el caso de la póliza de salud, los altos costos en el sistema médico privado, sin aludir que el servicio público se ha visto seriamente deteriorado.

En cuanto al nicho del seguro de automóvil, es reprobable como el Valor INMA se ha desbocado de un modo alocado, sin que la dependencia oficial encargada de esa área haya emitido un pronunciamiento sobre tamaña anormalidad. Soy un enérgico partidario, de que es imperioso colocar una barrera mediática a esa anómala  valoración de  los vehículos, pues el “endriago” de los precios podría desbandarse; hoy en día, el número de vehículos asegurados ha menguado y esa aseveración no es efecto de una fábula. La estamos viviendo como Corredores de Seguros que somos.

Ahora bien y ahí voy a hurgar la llaga, es la disoluta impotencia de nuestra actividad aseguradora para atenuar las fuertes repercusiones del Infraseguro, que constituye la trama central de esta reseña. Como todos sabemos o por lo menos, la generalidad de los que somos aseguradores, el Infraseguro es la situación que se presenta cuando el Valor asegurado que figura en el cuadro de la póliza es inferior al Valor real de la (s) cosa (s) u objeto (s), alterando el imaginario del asegurado que presume O CREE que su bien o bienes están insuperablemente amparados (EN UN 100 %?), sobre todo en el Seguro de Incendio. De ahí, las dramáticas distorsiones al instante de indemnizar, que producen escepticismo, pesimismo y malestar en los asegurados, contratantes e incluso, en los beneficiarios preferenciales.

Históricamente, el Infraseguro no es reciente, pues su aplicabilidad técnica, quizás establecida por aseguradores inmemoriales, tiene su antaña performance cronológica. A nosotros, que éramos estudiantes en la técnica del seguro de incendio, nos entrenaban para calcular el Infraseguro mediante una peculiar tarifa, que era indispensable portarla en las clases y en los exámenes de competencia exigidos por la Superintendencia de Seguros, que tenían carácter práctico  y con “calculadora” en mano. Dicha pieza tarifaria fue concebida el día 11 de noviembre de 1942, según Oficio número 5304 emanado de la Fiscalía de Empresas de Seguros, antecesora de la Superintendencia de Seguros, hoy de la Actividad Aseguradora; maniobrable y pequeña, a la misma le fueron agregando los Oficios que iban ideándose, entre ellos el número 17.444, del 20 de abril de 1961, alusivo a la Cláusula de Prorrata, entre otros.

Para el día 9 de marzo de 1990 figura la Gaceta Oficial número 4.170 Extraordinaria, que contenía en todo su contexto el novedoso tarifario del seguro de Incendio, que posteriormente fue modificado parcialmente; en sus condiciones generales se puntualiza el Infraseguro bajo la siguiente redacción:

   “Cláusula Nº 4. Cuando al momento del siniestro la suma asegurada sea inferior al valor real total de los bienes a riesgo, LA COMPAÑÍA indemnizará a EL ASEGURADO en una cantidad equivalente a la que resulte de multiplicar el monto de la pérdida o daño que se determine, por la fracción que se obtenga de dividir la suma asegurada entre el valor real total de los bienes a riesgo”.

Determinado matemáticamente, la fórmula sería:

Infraseguro= Monto del siniestro o daño (que se determine)**

X  la Suma Asegurada / Valor Real del Bien

Un ejemplo: Se ejemplifica a manera de enseñanza.

Suma Asegurada:        Bs.     22.500,00  (Según cuadro póliza)

Valor Real del bien:    Bs.     45.000,00  (El contenido existente)

Monto de la Pérdida: Bs.     12.000,00 (En caso de un siniestro)

 

                   Bs. 12.000,00 X  Bs.     22.500,00 

                                                 Bs.     45.000,00

 

Porcentaje de Indemnización: 50 %

Monto a indemnizar: Bs. 6.000,00

Porcentaje de Infraseguro: 50 %

Si analizamos concienzudamente el tema del Infraseguro, muchos negocios se verían afectados en virtud de esta “ineludible” Cláusula, pues la Inflación mensual en el valor de los activos rebasaría abiertamente la del valor asegurado,  infligiendo  desordenes psíquicos y económicos al momento de ser indemnizados los asegurados, contratantes y beneficiarios preferenciales.

Estamos conscientes de que abordar el asunto a los contratantes no es fácil, pero nuestra tarea es concientizarlos y educarlos sistemáticamente sobre la seriedad que reviste el Infraseguro y sobre el efecto dañino que ello causaría, en caso de su nefasta y “casi que obligada” aplicación.

Y por ahora: ¿Qué hacemos?

*Edición especial de la Revista Macroeconomia, Año 16, número 109-2016.

Páginas 6 y 7-Crisis en el Sector Seguros (Licenciado Carlos Moreno).

** Que se determine: ¿Quién determina?

 

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